
Llegada al hotel
La estancia empieza antes de abrir la puerta de la habitación. Esta primera impresión del lobby es la que decide cómo se recordará todo lo demás, y casi nunca se fotografía.
Producimos fotografía y vídeo para hoteles que hacen que el huésped quiera vivir la estancia, no solo mirarla. Del amanecer en la habitación a los cócteles de la noche.
La habitación vacía ya no vende. Cuando toda la competencia enseña la misma habitación bien iluminada, el huésped deja de comparar experiencias y empieza a comparar solo precio.
Piscina sin nadie, restaurante montado pero sin vida, una pareja de espaldas mirando el horizonte. Esa fotografía informa. La que vende hace que alguien se imagine allí — desayunando, leyendo en una hamaca, brindando al atardecer. Por eso el reportaje de vida real es el centro de cada producción de Mise & Stay, y la fotografía de habitaciones y zonas comunes queda como base técnica: la incluimos cuando el hotel la necesita, pero nunca es el mensaje principal.
Personas reales viviendo el hotel: un café servido, un niño saltando a la piscina, alguien trabajando en el lobby. Momentos, no poses.
Antes de disparar, preparamos el espacio: qué cojín sobra, qué mesa necesita un libro, dónde entra mejor la luz. Interiorismo aplicado a la imagen.
Cortos de 45–60 segundos con sonido ambiente: puertas, agua, copas, pasos. El formato que hoy convierte en Instagram y TikTok.
Cada producción se piensa para durar todo un año, no para una campaña puntual. Eso cambia lo que puede hacer tu hotel con el material.
Una web que transmite experiencia real convence sin necesidad de competir solo por precio en las OTAs.
Contenido propio y actualizado para publicar en tus canales, sin depender de lo que suba cada plataforma.
Fotografiamos lo que existe, no lo que prometemos. El huésped llega y encuentra lo que vio — y eso se nota en las reseñas.
No hacemos inventario de espacios. Documentamos a las personas que los hacen sentir vivos, hora a hora: desde que cruzan la puerta del lobby hasta que, a la mañana siguiente, abren los ojos en la habitación.

La estancia empieza antes de abrir la puerta de la habitación. Esta primera impresión del lobby es la que decide cómo se recordará todo lo demás, y casi nunca se fotografía.

El gesto más repetido de cualquier hotel, convertido en una imagen cercana: una sonrisa, un teclado, una llave que cambia de manos. Es el primer contacto real con el equipo.

El pasillo, la maleta rodando y la expectativa de lo que hay detrás de la puerta. Un instante de transición que da ritmo y que casi ningún hotel enseña.

La cara de quien ve su habitación por primera vez vale más que cualquier plano vacío. Aquí se confirma, o no, lo que prometían las fotos de la web.

El mediodía tiene su propia luz, más dura y más franca. Mostramos la mesa servida, la conversación y el servicio real, no una terraza vacía esperando a alguien.

La calma de media tarde, con luz más suave y el ritmo del día bajando. Un contraste necesario frente a la energía de la piscina o la azotea.

Antes de la cena, la piscina en su mejor momento: luz dorada y gente disfrutando de verdad, no posando de espaldas al agua. Es el instante que más veces aparece en la cabeza de quien decide dónde reservar.

Después de la piscina, el ritual de arreglarse sin prisa. Un momento espontáneo y cercano, de los que más se comparten en redes porque cualquiera se ve en él.

El instante previo a bajar a cenar, frente al espejo del baño. Un momento cotidiano que, bien fotografiado, transmite la calidad de las instalaciones sin necesidad de mostrarlas vacías.

La cocina en movimiento, justo antes de que el plato llegue a la mesa. Es la prueba visual de que detrás del restaurante hay oficio, no solo una carta bonita.

La ciudad iluminada de fondo y un cóctel en la mano. El tipo de imagen que alguien guarda en el móvil para volver algún día.

El cierre del primer día, con una experiencia que solo existe en este hotel. La imagen que queda al cerrar los ojos y que más empuja a repetir.

La mañana siguiente empieza en la cama, con la luz entrando despacio y un café todavía caliente. Es el primer momento que un huésped recuerda al volver a casa.

El albornoz, la ventana, cinco minutos de calma antes de que empiece el día. Pequeños rituales que dicen más del hotel que cualquier plano de la habitación vacía.
Cada producción sigue el mismo método. Esto es un resumen — el proceso completo, paso a paso, está en la página Cómo trabajamos.
Entendemos el hotel, su huésped ideal y qué necesita mostrar antes de coger la cámara.
Interiorismo aplicado a cada escena: qué mover, qué añadir, dónde encender una luz.
Un banco de contenido listo para usar durante meses, no una carpeta de archivos sin orden.
Mise & Stay está empezando, y lo decimos sin rodeos porque preferimos la honestidad a la promesa vacía. Lo que eso significa para vuestro hotel: quien responde vuestro email es quien dirige la producción y edita cada imagen, sin intermediarios ni plantillas recicladas de otro cliente.
Hablamos con vosotros, sin gestores intermedios.
Nos adaptamos al calendario del hotel, no al revés.
Cada producción, revisada y editada por nosotros dos.
Es el mismo lenguaje que ya usan las cuentas de Instagram y TikTok que más reservas generan — y el que aplicamos a cada pieza vertical que entregamos. No es solo estética: es estructura. Cada reel sigue un guion breve de tres actos pensado para que alguien lo vea entero y termine buscando el nombre del hotel.
No. Si os hace falta, la incluyo dentro de la misma producción como base técnica — pero el foco sigue siendo el reportaje de experiencia real.
Sí, cada servicio se puede pedir por separado. El resultado es más completo cuando se hace todo junto en la misma visita, pero no es obligatorio.
Depende del tamaño del hotel y de cuántas piezas necesitéis, pero normalmente se resuelve en una jornada bien planificada, de la luz del amanecer a los cócteles de la noche.
Depende del tamaño del hotel, del número de servicios combinados y de la duración de la jornada. Prefiero mandar una propuesta ajustada a cada caso antes que dar una cifra genérica que luego no se cumple.
Cualquiera de las tres opciones funciona, y normalmente se combinan. Lo hablamos en la visita previa según lo que tenga sentido para vuestro hotel y vuestro presupuesto.
Cuanto antes hablemos, más margen hay para planificar bien la visita previa y elegir las mejores fechas de luz y ocupación. En temporada alta conviene reservar con varias semanas de adelanto.
Sí, es posible desplazarse a otros países. Los costes de viaje y alojamiento del equipo se añaden a la propuesta, y se detallan siempre antes de confirmar la producción.
La visita previa existe precisamente para minimizar esa posibilidad, porque alineamos expectativas antes de disparar. Aun así, si algo concreto no cumple lo acordado, lo resolvemos juntos antes de dar la producción por cerrada.
Sí, dentro de una ronda razonable de ajustes incluida en cada propuesta. Cambios mayores de dirección de arte, fuera de lo acordado en el brief, se valoran aparte.
A través de un enlace de descarga organizado por uso (web, redes, prensa, OTAs), acompañado de una guía sencilla de cuándo y cómo publicar cada pieza.
Contadnos cómo es vuestro hotel y os enviamos una propuesta cerrada, sin cifras genéricas.